Un vistazo a la Nueva Suzuki Burgman 200 ABS

La familia Burgman se compone ahora, y desde hace unos años, de tres «hermanos»: el gran 650 bicilíndrico, el mediano 400 con motor ya de un cilindro, y los «gemelos» pequeños que están disponibles en cilindradas de 125 y 200.

Este modelo en particular nació hace ya muchos años: su primera versión data de 2002 y vio la luz en España, en la fábrica de Gijón donde se fabricó hasta hace precisamente un año (desde entonces los Burgman 125 y 200 proceden de Tailandia). Y supieron dotarle de lo que en nuestra opinión son los dos puntos claves de todos los Burgman, que siguen siendo sus mayores virtudes después de tantos años: la agilidad (y facilidad de pilotaje) y una gran capacidad de carga bajo el asiento.

Para lo primero, la clave es la altura del asiento: no hay scooter con asientos tan bajos como los Suzuki, y no solo eso, sino que además la forma de la plataforma está estudiada para no entorpecer el camino de las piernas hacia el suelo, y el asiento evita ser ancho en la zona del piloto para ayudar más en ese sentido. Gracias a esta combinación, es casi imposible que cualquier piloto por bajo que sea no se muestre capaz de plantar ambos pies con seguridad en el suelo, algo que ofrece una tranquilidad importante incluso probándolo «en parado» en una tienda. Lo bueno es que una vez en marcha la sensación de control se mantiene.

La segunda cualidad en la que los Burgman destacan es en su capacidad de carga: levantas el asiento y te maravillas cada vez que ves esos huecos, da igual el del 125/200 que el 400 o el 650… Pese a lo compacto de su tamaño exterior, Suzuki supo en su día dotar al Burgman «pequeño» de un hueco capaz de acoger sobradamente dos cascos integrales, ganando espacio a lo ancho ya que no lo había a lo largo, y esa capacidad se ha mantenido en las siguientes versiones, incluida esta que probamos ahora.

El motor del Burgman pequeño siempre se ha confiado a un monocilíndrico de origen japonés refrigerado por agua y con culata paragrapharticle-53982-53709d81914a8multiválvula (que en su día fue un avanzado pero hoy día es lo habitual). No sé si será representativo, porque además nos llegó sin apenas rodaje, pero la unidad de pruebas funcionaba con una suavidad extraordinaria, y las prestaciones estaban a muy buen nivel, ligeramente mejores de hecho que las medidas en la generación anterior del 200. Esas prestaciones como decía antes ponen al Burgman 200 al nivel de algunos 250 rivales, y su capacidad de llaneo claramente superior a la del 125 le sitúa en mucho mejores condiciones a la hora de afrontar vías rápidas si debemos desplazarnos

por ellas en horas de tráfico fluido: en llano supera los 130 km/h reales.

Los frenos han cambiado, ya que el sistema combinado de anteriores versiones ha sido eliminado en favor de una frenada sencilla (maneta izquierda atrás y derecha delante), complementado por un ABS opcional del que sí estaba dotado nuestro scooter.

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El ABS es moderno y rápido, solo entra cuando está el neumático ya chirriando sobre buen asfalto (o resbalando si no es bueno o hay suciedad), y solo nos dejó un interrogante el tacto del freno delantero, algo esponjoso pese a no estar falto de potencia, mientras el trasero sí que era directo y sólido.

Y en cuanto al equipamiento, ya he comentado lo del hueco, al que se suman dos guanteras frontales: una superior sin cerradura pero bastante profunda (práctica en el día a día) y otra que sí tiene cerradura, amplísima y con toma de 12V. La estética ha recibido retoques que lo acercan al nuevo 650 y en general me parecen acertados, incluida una nueva pantalla algo estrecha pero suficientemente alta para desviar el aire, y el cuadro –que sí necesitaba cambio– mucho más actual, incluye consumos de gasolina (en general moderados, por cierto).